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Ya estás en los 50 y tu hijo menor ya ha crecido y está a punto de irse de la casa, o ya se fue. Es posible que sientas una mezcla de emociones. Este proceso se conoce como Síndrome de Nido Vacío que es una sensación general de soledad, tristeza y pérdida que los padres pueden sentir cuando uno o más de sus hijos abandonan el hogar. Aunque es más común en las mujeres, también le puede ocurrir a los hombres.

A pesar de que, normalmente, animamos a nuestros hijos a ser independientes, el momento de dejarlos ir puede volverse un proceso doloroso pues puede ser difícil adaptarse a la idea de que ellos ya no necesitan nuestro cuidado o que echemos de menos su compañía y nuestra participación en sus vidas diarias.

El Síndrome del Nido Vacío se ha vuelto más importante en los tiempos modernos a medida que las familias extendidas son menos comunes que en las generaciones pasadas y las personas de la tercera edad empiezan a vivir solos. En muchas culturas, como las de África, India, Medio Oriente y el Este asiático, los ancianos son altamente estimados y se considera que sus descendientes tienen la obligación de cuidarlos y respetarlos, lo cual contrasta con la mayoría de las sociedades occidentales donde las familias extendidas ya no son tan comunes.

Se cree que los padres que se enfrentan al síndrome del nido vacío presentan un sentido de pérdida profundo que puede hacerlos vulnerables a la depresión, el alcoholismo, la crisis de identidad y los conflictos matrimoniales.

Sin embargo, podríamos mirarlo desde otra perspectiva y enfocar la idea de que un nido vacío puede reducir los conflictos familiares y laborales, y puede ofrecernos a los padres muchos otros beneficios. Cuando el último hijo abandona el hogar, los padres tenemos una nueva oportunidad para reencontrarnos, mejorar la calidad del matrimonio y reavivar los intereses para los cuales antes no alcanzaba el tiempo.

Podríamos entrenarnos para aminorar los efectos de este síndrome cuando los hijos se van acercando a la edad adulta, preparando la mente para el momento de la separación. Debemos pensar que esto va a ocurrir tarde o temprano, así que podemos ensayar, imaginando que ya se han ido y comenzar por dedicar más tiempo a las amistades, aficiones y ocupaciones, a la vez que ayudamos a nuestros hijos a construir unas alas robustas, para que al abandonar el nido puedan llevar una vida lo más autónoma posible fuera del nido materno.

Si experimentas sentimientos de pérdida debido al síndrome del nido vacío, toma medidas. Por ejemplo:

  • Aceptar el momento. En lugar de centrar la atención en cómo nos va a afectar el vacío que deja, concentrémonos en lo que podemos hacer para ayudar a nuestro hijo a tener éxito cuando salga de casa.
  • Mantener el contacto. Podemos seguir estando cerca de nuestros hijos incluso si vivimos separados. Visitar regularmente, llamar por teléfono, enviar mensajes, en fin, utilicemos cuanto medio existe para mantenernos en contacto.
  • Buscar apoyo. Conversar el tema con tus seres queridos y amigos, incluyendo aquellos que están pasando por la misma situación. Si te sientes deprimido, busca ayuda profesional.
  • Ser positivo. Pensar en el tiempo y la energía adicionales que podemos dedicar al matrimonio o a los intereses personales una vez que ya los hijos no estén en casa.

Así que, si el último hijo está por abandonar el hogar y nos preocupa el síndrome del nido vacío, la solución es planificar con anticipación. Buscar nuevas oportunidades en nuestra vida personal y profesional. Mantenernos ocupados o aceptar nuevos desafíos puede ayudar a aliviar la sensación de pérdida causada por la partida de los hijos.

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